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lunes, 23 de noviembre de 2015

En el Metro











Era imposible moverse. El vagón del metro estaba a reventar, yo iba de pie, junto a una mujer de 35 años y 3 hombres no mayores de 25  y otro mucho mas joven... Armándome de paciencia me dispuse a esperar. Mi novio, que me aguardaba en la estación "Pino Zuarez" seguramente estaría desesperado. A través del sonido general se escuchó una voz pidiendo comprensión y que, "en breve se reanudaría la marcha de los trenes", así son las cosas en ésta siempre caótica ciudad de México. Ya la tarde se hacia vieja y el frío nos esperaba afuera en las  calles... No así en el interior del vagón, allí  el calorcito nos envolvía, claro, yo ignoraba que un intenso deseo sexual me quemaría  por dentro... Únicamente me faltaban 3 estaciones para llegar a mi destino. Fue entonces que apareció  mi libido, es decir, un fogoso despertar a la promiscuidad, yo tan linda, seria y recatada...  Realmente no se como caí a la tentación, que de forma casual se presentó al alcance de mi  mano... El chico de 16 años, de no malos bigotes, atractivo, ojos verdes,  rubio, delgado y de piernas gruesas, se movió ligeramente de tal forma que quedó a mi lado derecho en medio de tanta gente. El tren marchaba lentamente. En un momento dado, sentí su entrepierna en mi muslo, el atractivo mozalbete me miró un tanto turbado y me pidió disculpas, puso cara de circunstancias e intentó retirar su miembro lo más lejos posible de mi cuerpo, que dicho sea de paso, no está nada mal... A mis 25 años tengo, lo que se dice un buen culo, una cara bonita, de niña bien, morena clara, ojos cafés y según dicen, mis tetas son mi carta fuerte, estas son de buen tamaño, redondas y de pezones rositas... Los hombres cuando me observan es lo primero que ven. Me da risa y a veces me da el nervio, aunque trato de disimular. Pues bien, decía que con este niño, que llamaré Ezequiel no me dió el nervio, me dieron ganas... de tocarlo, de agarrar su verga, de explorarla, ganas de cogérmelo... Ese jovenzuelo lo que quería era sin lugar a dudas darme un buen arrimón... La tela de su pantalón era tan delgada  que su miembro se miraba perfectamente.  Mi corazón empezó a latir aceleradamente, lógicamente mis pechos subían y bajaban rítmicamen-te y creo que también muy ricamente, puesto que Ezequiel al mirarlos a través de mi generoso escote, su verga creció aún más... Los 2 nos colocamos  de frente, justo al fondo del carro, yo seguía  de pie, recargada bajo el marco de una de las puertas que en ese momento no se abrían.  Tenía en mi mano izquierda  mi bolsa y al mismo tiempo me sujetaba del pasamanos, la otra mano quedaba libre sobre mi blusa, a la altura de mis bubis. Yo, terriblemente excitada, me puse a imaginar su suave aliento invadir mi cuello, sus tiernos labios chupando mis pezones...  No quise verle a la cara pues sentía desmayarme de placer, en cambio, permanecí con la cabeza gacha, mirando su pantalón ajustado y ese pene que me excitaba tanto... Entonces,  el tren se detuvo  antes de llegar a la siguiente estación. Mi corazón dio un vuelco, estaba tan caliente ante ese jovencito que perdí la vergüenza y aproveché el movimiento del tren, para con mi mano libre rozar con disimulo  su glande, mi cara ardía ante ese arrebato y el muchachito se estremeció. Su falo se conmocionó y mis dedos lo aprisionaron. Al momento sentí cómo se movió  ese pedazo de carne... Lo sentí palpitar entre mis dedos e hipnotizada recorrí ese cuerpo cavernoso... El chico se notaba realmente complacido y entonces, respondió a mis caricias, me abrazó por los hombros y me besó como si fuéramos novios,  al tiempo que bajaba una mano y subía mi falda para hurgar entre mis muslos... Yo, perdida en la emoción, intenté sacar su miembro, cosa que logré en segundos y aquí sucedió lo inesperado... El vagón del metro se quedó a obscuras, un murmullo de voces se escuchó. En algunos había indignación, otros  expresaron temor, pero en general había resignación. Desde luego, para nosotros fué el banderazo de salida para hundirnos en el fango del sexo... Rápidamente  tomé su verga y la acerqué a la entrada de mi vulva mientras el trataba de hacer a un lado el elástico de mi tanga, misma que me quité inmediatamente guardándola en mi bolsa, mis manos  tomaron con firmeza esa durísima carne y traté de ensartarmela toda... Mis pechos subían y bajaban violentamente, cuando al fin me la empujó hasta el fondo. Instantes después, escuché un pequeño jadeo  cuando al cabo de unos segundos  eyaculó el muchacho, demasiado pronto para mi gusto, no alcancé a saciar mi sed de placer, seguía muy cachonda y llena de lujuria... El niño entonces, sacó su pene y se apartó, dejando-me muy caliente.  No sabía que hacer, sin embargo, los gemidos de al lado me hicieron voltear,  acostumbrada a la obscuridad, vi a la mujer que estaba cerca de mi, muy ocupada y excitada, tratando de darle placer a los otros chicos, que como podían se la estaban cogiendo, uno por el frente y otro intentaba por detrás... Un tercero con su verga en mano se  masturbaba mirándolos. Yo no supe como acerqué mi cuerpo hasta ese chico, mi mano agarró esa tranca que me pareció más grande y más gruesa. Me paré de puntitas, abrí mis piernas y metí ese mástil  en mi caliente vulva.
El joven gritó _ Aaaggg!!! que buena estás!
Me pareció mas excitante, éste chico aguantó un poco más... Sin embargo, pronto terminó y el calor seguía consumiendo-me por dentro. De pronto, la voz del conductor del gusano naranja se escuchó en el tren, "Señores usuarios, en 10 minutos se reanuda la marcha de este tren, por su comprensión gracias" En este punto,  fui arrastrada a un asiento donde su ocupante era un señor maduro, con su enorme miembro al aire, yo me paré frente a Él, lista, con las piernas abiertas, loca y cachonda. El hombre con firmeza me sentó en esa verga, que era, de todas, la mas rica... Su falo entró de golpe y sus manos desnudaron mis pechos  aferrando-se   a ellos... Así es como realmente empecé a disfrutar, _ Aaahhh!!! gemí y mis nalgas se movían incesantes, mis manos se apoyaban en sus hombros, mi vulva subía hasta el glande y se deslizaba hasta el nacimiento de sus testículos. Aaaggg!!!  susurré. Tanto placer, no había experimentado en mi corta vida...  Aaaggg!!! me vengoooo!!!! anuncié.  El hombre canoso se dió un atracón con mis pechos, besándolos, chupando-los, al tiempo que me cogía tan sabiamente, fueron 10 minutos de fábula, práctica-mente me la pasé de orgasmo en orgasmo, estaba en el cielo de la mano de ese señor...  Su verga entraba y salía tomando-se su tiempo, deliciosamen-te. Casi me desmayo de la emoción. Así, cogiéndome sabrosamente, aguantó el hombre canoso hasta que eyaculó inundando mi cavidad de semen. _ Aaahhh!!!  terminó, entre jadeos y gemidos... Fué una cátedra de sexo, una practica de campo, que me dejó sin fuerzas y me robó el aliento. Justo a los 10 minutos el tren encendió sus lámparas y pudo avanzar sin contratiempos. Mi novio fiel, estoico, me esperó. Claro que, como premio le di, con la lección aprendida, su buena recompensa...