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martes, 13 de septiembre de 2016

Cocinando Arroz









Mientras el arroz se remojaba en agua caliente, tu me mirabas con tus dulces ojos. Atenta seguías mis manos que cortaban en trocitos los ajos y las cebollas sobre una tabla de madera. Una vez listos, agrego  el arroz a la cazuela de barro con aceite y prendo el fuego de la estufa. Entonces, un suave calor nos invadiò... Rápidamente un sudor placentero apareciò bajo tus senos y el bochorno asomò a tus ojos... Luego, justo al empezar a freír el arroz, me diste un sonoro beso. Fue una primer caricia que me tomò desprevenido, no obstante ¡mi verga de inmediato reaccionò! Entonces, mi atenciòn estaba fija en el arroz, pero mi cuerpo estaba atento a tus sudores... A esa mezcla de ajo picante del recipiente y del perfume exquisito de tu piel... De tu provocativo cuerpo excitado... Por tanto, busquè un pretexto para acercarme a ti, y te pedì agregar al arroz la zanahoria picada, por supuesto, con mucha sensualidad, vaciaste la verdura en el arroz moviendo lentamente tus manos y moviendo el arroz a manera de que no se pegara... Yo te mirè la espalda y mis ojos ràpidamente se posaron en tu minifalda... Observè tu bonito culo, no me sorprendiò ver tus nalgas desnudas. Mi reacción fuè un acto reflejo, fuè un impulso inconsciente. Simplemente me peguè a tu espalda. Mi verga saltò fuera del pantalòn como por arte de magia, con mis manos entreabrì tus nalgas y en tu panochita entrò lentamente mi trozo de carne , deslizándose por tus jugos hasta llegar al fondo... Mi pene entrò y se moviò rapidamente mientras tu gemías de gusto, mi virilidad entraba y salia a una velocidad de 60 latidos por minuto... Claro, muy a mi pesar tuve que detener el juego y retirar mi tranca. _ ¡no cielo!, no la saques, protestas, ¡sigue mi vida!... Por un momento te ignorè y  seguì atento a nuestro guiso,  tu te resignas y te abrazas a mi espalda sin dejar de agarrar mi falo... El arroz frito, ya estaba listo para recibir  el jugo de
 jitomate... Una vez, que se condimentò el guiso,  agreguè la sal de grano, tapè la cacerola y lo dejè a fuego lento... Ahora mismo, te agachas y atrapas mi falo con la boca, yo cierro mis ojos, sonriò como idiota, disfrutando el roce de tus labios y te dejo hacer... Después pasamos al comedor y en la mesa continuamos lo que dejamos pendiente... Por supuesto, el Arroz nos quedò fantástico. y faltaban aun, los camarones al mojo de ajo...

























viernes, 9 de enero de 2015

Adela














Adela por fin cumplió su deseo,
 libidinoso y evidentemente  carnal...
Fué de regreso a casa.
Caminamos por un callejón obscuro y solitario.
Recién entraba la primavera 
y cogidos de la mano
nos detuvimos junto a tu automovil.
Mi cuerpo se pegó al tuyo,
tus caderas quedaron
recargadas en la salpicadera.
El vestido escotado mostraba
unos pechos grandes y morenos.
Nos besamos. 
Al principio fueron suaves,
con sabor a ti...
Después, súbitamente surgió el deseo.
 Mis manos calientes replegaron y amasaron
esos senos enormes, 
nuestras bocas gimieron de placer.
Los ombligos se abrazaron.
Y la lujuria explotó en nuestros sexos 
como la pólvora.
¡Nuestras ropas volaron en mil pedazos!
Quedamos desnudos sobre la banqueta muda.
Un apretujón de piernas marcó el inicio
 de un deleitoso coito.
Mi pene hincado, suplicó acoplarse
por ese resquisio tuyo, exquisito y perfumado.
Y tu, amorosa accediste.
En un primer impulso, 
mi glande henchido apenas se enredó 
 con tu profuso y negro vello púbico
Entonces, tus manos actuaron...
Como una experta desenredaste 
mi glande y abriendo las piernas,
colocaste tus nalgas sobre
la salpicadera del auto, abrazándote
a mi cuello, de tal forma que quedaste
atrapada entre mis piernas y el chasis 
del auto.
Mi pene libre
al fin encontró la entrada y
tu vulva luego, sintió mi carne...
sintió un grueso y tibio intruso,
un aguerrido miembro que cumple
con creces,
cabalmente tu fantasía...































lunes, 24 de febrero de 2014

Intima Noche.









Tocaré esos senos culpables de mis
 sueños húmedos.
Ebrio de amor hundiré mi rostro en ellos.
Es mi noche clara de lujuria y pecado...
Entonces, saciaré mi sed... Como un chiquillo.
Cuando los grillos arrecien en su canto,
 se mezclen con mis incontrolables gemidos
y tu aliento mentolado,  ambos embriagados
entonaremos inenarrable pasión.
Quizás lleguemos a tocar la luna, 
cuando estemos en el clímax... O viajemos,
 regresando hasta el principio de los tiempos.
No lo se, te soy honesto. 
Lo único que siento
es mi carne que arde, 
dentro de ese vientre real
que lo aprisiona... Y en un alarde de pericia extrema,
ambos se desfogan cual si fuera una tormenta
de truenos, de rayos y centellas
convirtiendo tantos fluidos 
en mar, sal y espuma...
Para entonces, se ausenta mi mente.
 Vibrando el corazón y
 la voz cortada, 
¡te quiero! exclamo.
Y mis ojos miran incrédulos los tuyos, 
extasiados de amar...
Río como un niño,
 por tenerte a mi lado, 
maravillado por respirar aun...
y así, poco a poco me llega la cordura. 
después,  la calma.  
afuera, los grillos al fin se duermen.




escritor:
cesar augusto jimenez cuenca.