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jueves, 28 de enero de 2016

El Juicio
















Mi hermosa esposa se encontraba sentada en la silla de los acusados. Sus ojos verdes destellaban asombro e incrédula preguntó nuevamente al juez: _ ¿Que he sido demandada  por faltar a mis deberes en un intercambio swingers? No lo entiendo…  ¿Pudiera explicarse su señoría?  _ Por supuesto señora Eugenia, dijo el de la túnica negra: Está demandada por faltar al protocolo Swingers, es decir, el señor Inocencio, aquí presente, considera que en su encuentro sexual de intercambio de parejas, mientras su esposa besó y acarició en la cocina a su señor esposo, después, le hizo un excelente oral para finalmente tener sexo tradicional. Usted…  Pasó con el propio Inocencio, de los besos y las caricias directamente al coito, pasando por alto el infaltable y riquísimo sexo oral…  Por lo que, el señor denunciante, solicita a usted, la reparación del daño, conforme mandan las normas de nuestra sociedad swingers. _ ¡Uuppsss! Mi esposa exclamó, fué lo único que se le ocurrió decir de momento. Mientras tanto, Yo echaba un vistazo  a la pequeña sala. Aparte del juez, había una fiscal, un abogado defensor y 2 parejas swingers que conformaban el jurado. La esposa de Inocencio estaba sentada junto a mí, ambos comparecíamos en calidad de  invitados especiales. El juez que había contestado la pregunta de Eugenia, llevaba puesta  su toga negra como corresponde a su autoridad… El abogado defensor tenía puesto un traje negro, camisa gris y corbata roja. La fiscal, una rubia de muy buen cuerpo, lucía un mini-vestido azul, muy sexi, que mostraba sin recato alguno el inicio de sus nalgas…  Y respecto a  los miembros del jurado, estos vestían casual. Finalmente, Inocencio traía puesto un pantalón café un tanto ajustado y una camisa verde de manga corta, su rostro moreno, de viril presencia,  acusaba cierta dignidad y demandaba justicia… Fué entonces que el abogado defensor, con la venia del Juez, tomó la palabra y se dirigió a la acusada, _ Señora Eugenia, puede usted decirle al jurado si antes de sostener un encuentro swingers con el denunciante y esposa, ¿firmó algún contrato? _ Bueno, yo… este sí. _ puede decir ¿qué era lo que más llamó su atención del documento? _ Si claro, ambas parejas declaramos que estábamos perfectamente sanos, aquí mi mujer se levantó de la silla y dando una vuelta mostró  su precioso cuerpo, que dicho sea de paso, ¡está fenomenal! Para todos, sus antojables tetas no pasaron desapercibidas. Aquí los miembros del jurado admiraron abiertamente sus encantos. El defensor se dirigió a ellos diciendo, _ Creo que la acusada es respetuosa de las normas swingers ya que el no tener enfermedad alguna es vital para que se dé un satisfactorio intercambio de parejas, ¡lo demás ya es cosa del momento! _ ¡Protesto señor Juez! Gritó Janeth, la  fiscal,  _ ¡Ha lugar! Concedió el magistrado. _ Mi cliente, dijo la fiscal, el señor Inocencio quedó afectado por la promesa erótica que la acusada le hizo creer que pasaría. Es decir, había una promesa en esos labios carnosos y desde entonces la  autoestima de Inocencio va a la baja… Y dirigiéndose al jurado continuó, este hombre…  Desde ese día, solo sueña con  una buena mamada de parte de la señora Eugenia ¡por amor de dios! _ ¡Pero no es mi culpa su señoría! Exclamó Eugenia. _ ¡Silencio! Declaró el Juez y dirigiéndose a mi mujer le ordenó, aquí nadie habla sin mi permiso, son 1000 pesos de multa o si prefiere quitarse la blusa… ¡Usted decide! Mi esposa miró al pequeño grupo con sus caras excitadas, además hacía mucho calor, por lo que decidió  quitarse la blusa. Lo hizo con coquetería. Sus  desnudos pechos brincaron por un momento hasta quedarse quietos adheridos a su piel cobriza por el bronceado.  Al unísono, la gente murmuró, _ Aaahhh!!! _ ¡Qué ricas tetas! Dijo uno, _ ¡Yo me masturbaría en ellas! dijo otro agarrándose el miembro. _ ¡Silencio! Gritó nuevamente el Magistrado, ¡silencio o desalojo la sala! Y añadió poniendo sus ojos en mi mujer, ¡pero que par de pechos señora Eugenia! ¡Magníficos! Concluyó,  contento de ser el más próximo a ella, sintiendo al igual que los demás una creciente erección. Por ende, todos los hombres sin excepción, nos acomodamos nuestros respectivos miembros bajo el pantalón. El Juez fue más allá, liberó su pene y declaró a la concurrencia: _ Aquel que así lo desee puede hacerlo también… Por supuesto, el primero en sacarse la verga fue Inocencio, es decir, se levantó de su asiento y se quitó el pantalón (no usaba calzoncillos), dejando ver una barra cilíndrica bastante rica, bueno, eso me contó mi mujer después… _ Ahora, ¡Tiene la palabra la fiscal! Concedió el Juez.  _ Gracias su señoría, quisiera preguntar a la señora Eugenia, si ya vió el miembro a mi cliente. _ Ya escuchó Eugenia, ¡conteste! Le recuerdo que está bajo juramento… dijo un cachondo Juez que estaba a un  metro de distancia, acariciando con su mano izquierda su verga, misma que se le apetecía a mi esposa…  _ Si, señorita fiscal. Lo estoy viendo, afirmó mi mujer que no solo miraba el pene de Inocencio sino que también el de su abogado, el de los hombres del jurado y el mío también…  Por ello empezaba a sentir un hormigueo placentero por todo su cuerpo.  _ ¿Le gusta la verga de Inocencio? _ Si señorita. _ ¿porque le gusta? _ Porque está grande y gruesa… dijo mi caliente mujer, que ya empezaba a jadear. Aquí la guapa fiscal, se quitó el vestido y demás prendas intimas hasta quedar totalmente desnuda y acercando las tetas a la verga de Inocencio empezó a masturbarlo con ellas arrancando  un _ ¡Aaahhh! Del jurado. Y suspirando, hizo una última pregunta a Eugenia _  ¿Le gustaría mamársela ahorita a mi cliente? Inquirió metiendo ella misma el falo a su boca, Saboreándolo… ¡¡¡Ahh!!! Está muy rico su señoría… _ Sí, me gustaría mamársela, pero antes quisiera chupársela al señor Juez, dijo mi excitadísima esposa… Y relamiéndose los labios, añadió : En realidad quisiera mamársela a todos. Los hombres miraron con simpatía a mi esposa, especialmente el Juez  que a la postre dijo: _ Bien, tomemos un receso de 15 minutos y al volver emitiré mi veredicto.  El de la toga dio un martillazo en la mesa concluyendo, ¡Se cierra la sesión!  Por un momento creí que empezaríamos una discusión entre bambalinas, pero, fue todo lo contrario, Eugenia se acercó al Juez y completamente libidinosa besó su glande, su Señoría se dejó mamar la verga al tiempo que sus manos acariciaban los pezones de mi mujer. La esposa de Inocencio tomó mi pene con ambas manos y golosa empezó a masturbarme, el abogado defensor con su fierro en mano se unió a la fiscal que lo aceptó al instante, iniciando un trio con novedosas variantes. Mientras, el jurado se había encuerado totalmente empezando  un intercambio swingers en toda regla. Fueron 15 minutos de sexo duro, Eugenia después de mamársela al Juez, fue a por Inocencio y quitándoselo a la fiscal le inició una sabrosa mamada que terminó hasta que el hombre que la demandó eyaculó abundantemente salpicando su rostro de semen . Ésta, recibió el licor gustosa entre sus labios y lengua… Después de hacer las paces con Inocencio, todos, incluido el Juez, nos entregamos en gozosa orgía, sobra decir que Inocencio retiró los cargos y entonces el magistrado mientras cogía enjundiosamente con mi esposa, dió por concluido el caso.

 



                                                                      LA FISCAL
                                                                 

                                                                   EL   DEFENSOR


                                                                     INOCENCIO



                                                                        EL JUEZ






                                                                 

                                                                      EL JURADO